18.11.07

Colores espaciales

DIE, MONSTER, DIE!

Daniel Haller, 1965

Nick Adams acude a la ciudad de Dunwich a reencontrarse con su ex-compañera de estudios y amante Susan Witley. Nada más apearse del tren se da cuenta de que algo marcha mal en el lugar. Los habitantes se muestran extremadamente hoscos con él cuando declara su intención de dirigirse a la Mansión Witley y rehusan conversar acerca del tema. Conforme se acerca a la casa, descubre que el terreno parece aquejado de una curiosa enfermedad que convierte a zonas concretas en yermas de una forma antinatural.
La sensación de extrañeza persiste cuando penetra en el hogar de su amada. El Sr. Witley se empeña en que Adams abandone la mansión inmediatamente y la Sra. Witley presenta un grave deterioro físico, y tal vez mental, que le obliga a estar confinada en la cama. Claro que todo eso se convierte en minucias cuando aparece el angelical objeto de sus afectos. ¿Cómo dejarla a su suerte en un sitio tan horrible?
La valentía de Nick será puesta a prueba cuando tenga que proteger a Susan de sus secretos familiares y de un insólito mineral brillante que parece hacer enloquecer a la propia naturaleza.

Die, Monster, Die! es un perfecto ejemplo de la inoperancia imperante al trasladar los textos de H. P. Lovecraft al celuloide. No tanto porque se trate de un pésimo filme, que no lo es, sino porque los relatos del escritor estadounidense consiguen infundir terror en el lector a través de sutilidades que no siempre son fáciles de trasmitir en un medio eminentemente visual como es el cine. Tan sólo recientemente se ha hecho justicia al material original en películas como The Call of Cthulhu (Andrew Leman, 2005). Por el camino quedan adaptaciones con cierta tendencia a traicionar el espíritu de la obras aproximándolas a escenarios físicos y conceptuales distintos a los concebidos por Lovecraft, sin por ello recibir recompensa artística digna de mención. Die, Monster, Die! también juega al trasvase de ideas, situando los “horrores cósmicos” en el contexto familiar del cine de terror gótico y sus lugares comunes: mansión tenebrosa que esconde terribles secretos tras sus muros, damisela en apuros presta a ser rescatada por el siempre dispuesto héroe, sótanos donde acecha el peligro… Una ocurrencia que habría podido funcionar mejor de contar con un guión más trabajado y un mayor mimo en la puesta en escena (y eso que el nada desdeñable aspecto visual es lo más destacable del filme).

Tras un prometedor inicio en el que se encadena una secuencia de hechos (la desconfianza de los lugareños ante el extranjero que viene a husmear en los asuntos turbios del pueblo, el peregrinaje y la llegada del héroe a la mansión…) narrados de manera atractiva, se va desentrañando el misterio sin demasiada convicción hasta llegar a un final de innecesaria, y hortera, espectacularidad.
Probablemente sean la bella fotografía y el vivo color, que remite de inmediato a la producción de Roger Corman y Mario Bava, los baluartes de una cinta necesitada de estímulos que distraigan al espectador de un texto pobre y repleto de incógnitas sin resolver. Eso, y la presencia del gran Boris Karloff que, a pesar de no encontrarse aquí en plenitud de facultades físicas, entrega una interpretación convincente dignificando a base de matices a un personaje que tiene mucho de estereotípico. También se agradece la participación de Suzan Farmer, a la que recordarán por ser la víctima predilecta de Christopher Lee en Dracula, Prince of Darkness (Terence Fisher, 1966), de rostro inocente y pechos que desafían el cautiverio represivo de un suéter ceñido apuntando hacia el horizonte.
A pesar de sus carencias, Die, Monster, Die! cumple el requisito mínimo de entretener durante su ajustado metraje (apenas una hora y cuarto) y aunque quizás como adaptación de la obra de Lovecraft sea discutible, como título de terror menor depara pequeñas satisfacciones que no debería dejar escapar ningún aficionado al género que se precie.

2 Comments:

Blogger Disipated Kid said...

"pechos que desafían el cautiverio represivo de un suéter ceñido apuntando hacia el horizonte."

Joer, Superdisco, si eres capaz de decir esta frase en una conversacion sobre lo que sea, te pongo un altar ahora mismo al lado de mi altar a Aquaman.

Por cierto, pedazo de caratula, "Lo definitivo en ¿diabolismo?", mala traduccion por mi parte o esa palabra existe. Que ganas de que me funcionaran los subtitulos en el lector divequisero de salon para ver otra peacho gema del cine non-sense.

10:21 p. m.  
Blogger darkerr said...

Me aburrí viendola. Lo mejor fue sin duda ver a Boris Karloff en buena actuación y a Susan Farmer, que belleza de mujer.

5:06 a. m.  

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