8.11.07

Ni tanto y tan calvo


CHANDRAMUKHI

P. Vasu, 2005

Super Star Rajni
Jyothika
Nayantara
Vadivelu

2,5/5

Senthilnathan
opta por hacer caso omiso a los consejos de su familia y se muda junto a su reprobable nueva esposa Ganga a una mansión sobre la cual, dicen, se cierne una terrible maldición. Pese a los esfuerzos del famoso Dr. Sarvanan, hermano de Senthilnathan, por acallar las habladurías y malos presagios, Ganga no puede evitar ceder ante el poder de la casa y desencadena una serie fenómenos sobrenaturales relacionados con trágicos sucesos desarrollados entre sus paredes años ha.
Mientras tanto, diversos personajes implicados directa o tangencialmente en la trama se comportan como verdaderos cretinos, siendo el principal de ellos el héroe de la función: Sarvanan. El psiquiatra echa de su lugar de trabajo a una profesora de música, le roba sus instrumentos, coquetea con esposas ajenas, ejerce de casamentero en una relación romántica en la que no pinta nada, apalea gratuitamente a varias personas, y pone cara de haber perdido gran cantidad de neuronas de manera súbita. Todo ello amenizado por los acostumbrados números musicales del cine hindú; en esta ocasión con suntuoso vestuario y escenarios acordes con el holgado presupuesto de las grandes producciones.

Mucho se ha dicho de Super Star Rajni, y casi todo desproporcionado, siendo quizás la frase "explota como un tigre en la pantalla" lo más llamativo e incomprensible tras visionar un filme como Chandramukhi. Dejando a un lado la escalofriante imagen del pobre felino volando en pedacitos (¡asesinos!), esta impactante metáfora se traduce en un conjunto de tics histriónicos y expresiones entre lastimeras y repugnantes perpetradas por un hombre cuya baja forma física le convierte en poco apropiado para protagonizar según qué escenas. Suerte de poder contar con la magia digital para determinados movimientos, o el pelucón que preside su calva aparecería pisoteado por el suelo a las primeras de cambio.
Entiéndanme. No guardo ningún tipo de animosidad contra los hombres de mediana edad, pero cuando tratan de hacerlos pasar por chavales de veinte años y les asignan como interés sentimental núbiles muchachas (forma una pareja fílmica imposible con Nayantara) es difícil reprimir los reproches.

Adorado igual que un Dios viviente, Rajni ha logrado mantener su popularidad a lo largo de las décadas engrosando su cuenta corriente hasta convertirse en uno de los actores mejor pagados de Asia y la figura más reconocible del cine tamil. Es tanta la devoción que inspira, que se ha escrito que el mundo se divide en dos clases de seres humanos: las personas normales y los fans de Rajni. Estos últimos son incapaces de hacer ni la más leve crítica a las películas de su gran ídolo y, exagerando tan sólo levemente, se prenderían fuego a lo bonzo con tal de garantizar el éxito en taquilla de sus títulos.

Algo ha de tener Rajni para suscitar semejantes pasiones, claro. Para empezar es el héroe de los desfavorecidos, numeroso público potencial de su cine, y se sirve de una serie de sencillos gestos característicos (apuntar al cielo, lanzar objetos al aire y atraparlos con la boca...) de gran calado popular. También ayuda el proyectar una imagen de entidad indestructible en irreales e hiperbólicas secuencias de acción. Chandramukhi posee dos de ellas y aunque su justificación dentro del guión es más que discutible, se agradecen encarecidamente por frescas e inesperadas. Su inventiva visual, llevando al extremo ideas de la actualmente recalcitrante Matrix, las empareja con otras fantasías coloristas como las plasmadas en la estupenda Shaolin Soccer.

Mucho menos apetecibles son los interludios de humor protagonizados por el habitual sidekick cómico, arquetipo presente en multitud de producciones hindúes. Achacaremos a las barreras lingüísticas y culturales su paupérrimo nivel, si bien los chistes que el público occidental puede entender sin problemas no auguran nada bueno sobre el resto.
Tampoco las subtramas románticas cuentan con un mínimo de calidad y es que parece que el guionista sea consciente de la química inexistente entre Rajni y Nayantara, decidiendo pasar de puntillas por el asunto. El guión en general está muy descuidado, algo frecuente en el cine comercial hindú, apilando ideas a medio cocinar favoreciendo el espectáculo global a costa de la lógica interna. Así tenemos detalles tales como que el personaje interpretado por Rajni, un afamado psiquiatra que ha estudiado, contengan la respiración, ¡en los EEUU! , sea capaz de leer las mentes de las personas observando sus expresiones faciales aunque se encuentre de espaldas a éstas.
Desde luego, quien pretenda afrontar el visionado de la película seducido por su contenido sobrenatural hará bien en armarse de paciencia, porque hasta bien entrada la cinta lo único que presenciará serán secuencias de comicidad cuestionable y entuertos amorosos ideales para poner en marcha la fábrica de bostezos.

Chandramukhi consigue redimir sus carencias gracias a un ritmo veloz (aspecto imprescindible para llevar a buen puerto un filme de tres horas), vistosos números musicales con dos o tres temas de penetración inmediata y un tour de force final de méritos artísticos quizá cuestionables, pero que apabulla los sentidos a primera vista. No es suficiente como para propiciar una recomendación incondicional, pero sí para estimular la búsqueda de nuevos argumentos fílmicos que ayuden a explicar el desconcertante “fenómeno Rajni”.

Trailer de Chandramukhi.
"Raa Raa" (CONTIENE SPOILERS DEL FINAL DE LA PELÍCULA)

1 Comments:

Blogger Pep said...

Creo que sería incapaz de ver esta película, ya que el protagonista me recuerda a una fusión de El Puma con Julián Muñoz, y estaría toda la película descojonándome sólo de verle la cara...

Cada día estoy más convencido de que eres un auténtico "Iron Man" para poder visionar todas estas pelis sin morir!! ;)

Por lo demás, gracias por el anterior post, ya que me enteré así de que la versión de Curtiz viene de "extra" en el DVD de la versión Price.

Un abrazo!

6:21 p. m.  

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