28.10.07

Terror en el museo

Mystery of the Wax Museum

Michael Curtiz, 1933


La calamitosa situación económica del museo de cera creado por Igor lleva a un co-propietario a sugerir incendiar el lugar para así recuperar al menos el dinero del seguro, pero el artista, enfermizamente enamorado de sus realistas obras, se opone a la idea con tanto ímpetu que sólo lo permitiría bajo su cadáver. Y así sucede. El lugar se quema hasta los cimientos y Igor es dado por muerto… lo cual no le impide abrir años más tarde un museo de similares características en la ciudad de Nueva York.
Mientras tanto, la ciudadanía está conmocionada por la desaparición de varios cuerpos sin vida de la morgue. Florence Dempsey, intrépida reportera, investiga el caso con exacerbado dinamismo e incontinencia verbal. Sus pesquisas le conducen a unas figuras hechas de cera de extremo verismo…

A pesar de haber transcurrido varias décadas en estatus de “desaparecida en acción”, Mystery of the Wax Museum ha dejado su impronta en la historia del cine de terror hasta el punto de haber generado al menos dos remakes. El primero (House of Wax, protagonizado en 1953 por el gran Vincent Price) ha superado en popularidad al título original eclipsándolo casi por completo. El segundo y más reciente, dirigido en 2005 por el español Jaume Collet Serra, poco tiene que ver con el espíritu de la trama primigenia y se aproxima a las coordenadas del slasher común.

La versión de 1933 sorprende por su atrevimiento al abordar ciertos temas que más adelante serían considerados tabú por la conservadora industria de Hollywood tras el establecimiento del Código Hays. No sólo uno de los personajes de relevancia del filme es drogadicto, sino que la policía lo somete a un cruel interrogatorio aprovechándose de su debilidad durante el periodo de abstinencia. También parece que la mujer desempeña un papel mucho más activo y desenvuelto que la mera comparsa del héroe habitual (si bien apuntes de lo contrario asoman). Ahí está el irritante personaje de Florence Dempsey para ilustrar que las féminas son capaces de llevar el peso dramático de una película moviendo el argumento entorno a ellas y no al revés en una interacción de tú a tú en un mundo moderno dentro del cual se hallan plenamente integradas. Florence incluso se permite preguntarle a un policía por su vida sexual en una muestra de complicidad total entre iguales no tan frecuente en el cine norteamericano coetáneo.

Tanta desenvoltura juega en contra de la interpretación de Glenda Farell, y es que su continuo goteo de frases ingeniosas cual aspersor consigue que en un breve espacio de tiempo el espectador lamente su abundante tiempo en pantalla y obligue a tomarse este obstáculo con filosofía. Mucho más agradecida es la presencia de Fay Wray, la scream queen por antonomasia poseedora de una belleza virginal que ha cautivado a generaciones enternecidas por su indefensión frente al caso más flagrante de abusos sexuales cometido por un mono gigante en la historia. En esta ocasión Wray no se contenta con presumir de capacidad pulmonar en potentes gritos que noquean al oyente como de costumbre, sino que además nos regala una rutina de ejercicios con las piernas al descubierto en lo que debía de ser el equivalente erótico de la época a una escena de ducha actual.

El mayor acierto de Mystery of the Wax Museum se encuentra en su conseguido aspecto visual. La técnica de coloreado en dos tonalidades, no demasiado extendida e incluso denostada por su indefinición (ni tan propensa a la elegancia fotográfica del blanco y negro, ni tan estimulante a la vista como el color), luce aquí como nunca he visto y más que una limitación se antoja una afortunada decisión estética. Tanto es así, que ni siquiera constituye un impedimento al reproducir clichés habituales del cine negro como la proyección de sombras amenazantes en las paredes (recurso explotado, quizás, con unos ligeramente cómicos resultados en este título).
Añadiendo un magnífico trabajo de maquillaje que depara una sorpresa final a día de hoy aún efectiva y un encomiable ritmo narrativo sin espacio para el aburrimiento, nos encontramos con un filme válido en sintonía con la sensibilidad de autores muy queridos en este espacio como Richard Sala.
A descubrir.

4 Comments:

Blogger Evil Preacher said...

¡Vaya! desconocía la existencia de esta película. Pese a que soy un incondicional absoluto de Vincent Price, la versión del 53 me desilusionó un poco (aunque si la pusieran en el cine iría a verla, claro, sobre todo si recuperan el 3D, como hicieron hace unos años con Crimen Perfecto de Hitchcock).
Sólo de enterarme que existe me entran ganas de verla, pero con las fotos que publica y sus comentarios, más.

11:10 a. m.  
Blogger superdiscochino said...

Pues la tiene como extra en la edición española de la versión de 1953 (sin doblar, pero con subtítulos en español).
Me enteré hace poco y, por supuesto, me hice con ella. En tiendas como Fnac ronda los 6 euros.

Un saludo.

2:15 p. m.  
Blogger elputocriticón said...

yo vi la última que era una mierdecilla sin más.. pero me gustaría ver la de vincent price. Bueno, y después de leerle, la verdad es que ésta también pinta estupenda.

12:41 a. m.  
Blogger octopo said...

Recientemente he adquirido Los crimenes del Museo de Cera en Dvd, y la sorpresa con los extras fue tremenda, esto si que es el 2x1, asi da gusto. 5,95 € y dos peliculones.

11:21 p. m.  

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