21.1.07

Tedio sifilítico

DRACULA

Bill Eagles, 2006

Y llegó la enésima adaptación de la inmortal novela de Bram Stoker al Séptimo Arte.
Cargada de buenas intenciones, como suele ser habitual, y acompañada del acostumbrado fracaso a la hora de ponerlas en práctica. Quizás debamos hacer un esfuerzo por profundizar en el ejercicio crítico a fin de dilucidar si el error se halla en el empecinamiento por rodar una historia intrínsicamente unida a los mecanismos narrativos de la novela más que en la pericia de los cineastas en sí. La estructura polifónica del libro, constituida por una relación cronológica de diarios, cartas y telegramas emitidos por los protagonistas del drama, resulta complicada de trasladar con éxito a otro medio que no sea el escrito. Por ello la opción mas sensata es simplificar ciertos elementos de la obra a la vez que se modifican otros, siendo conscientes, sin embargo, de que en el proceso se ha de renunciar necesariamente a gran parte del atractivo del relato (cuando no se traiciona su espíritu, como en el intento de Francis Ford Coppola).
Si escasos son los filmes protagonizados por Vlad Tepes de notables méritos artísticos, muchos menos son en los que predomine la fidelidad al texto original. Ambos factores se dieron cita en la producción de BBC dirigida por Philip Saville en 1977 e interpretada por Louis Jordan en el papel del Conde. A pesar de los inexistentes esfuerzos por parte de la cadena en mantener vivo el recuerdo de la película (una edición en condiciones del DVD es inexcusable), la ruidosa minoria expresa una opinión muy favorable de la cinta en publicaciones especializadas y foros de internet. Tanto es así que BBC ha dado luz verde a un nuevo mordisco al mito, esta vez bajo una nueva perspectiva en sintonía con los tiempos actuales.

Lord Holmwood esconde un terrible secreto a su prometida Lucy Westenra. Padece una enfermedad mortal de necesidad que amenaza con dejar marcas en su anatomía y, lo que es peor, dificultará la tarea de consumar su matrimonio en el dormitorio. Sífilis es el nombre de tan funesto mal. La inquietud crece a medida que se va aproximando la fecha de la boda y Holmwood se muestra dispuesto a explorar cualquier remota posibilidad de encontrar un remedio que le permita demostrar su hombría ante su mujer. A sus oídos llega la existencia de un extraño culto basado en la sangre cuyo líder puede ser trasladado a Londres a cambio de una aceptable suma de dinero y alguna que otra posesión inmobiliaria. Por absurdo que parezca, dicho ser es capaz de obrar milagros y curar enfermedades gracias a sus extraordinarios poderes. ¿Ridículo? Sin duda, pero cuando se convierte en la última esperanza más vale no perder tiempo y poner en marcha al notario Jonathan Harker para agilizar los trámites. Mientras tanto, la pobre Lucy no sabe cómo seducir su marido para que copule con ella y sólo halla consuelo en la compañía de su amiga Mina Murray (la cual tampoco se libra de dramas particulares, pues su novio Jonathan Harker se encuentra en paradero desconocido).
Cuando llega el extranjero se muestra mucho menos complaciente de lo esperado y parece más interesado en flitrear con las damas del lugar que en obedecer los deseos de Holmwood. La integridad física y moral de las jóvenes damas está en peligro y el Doctor John Seward es el único que comprende la gravedad de la situación...

Leyendo la sinopsis anterior pudiera creerse que el guión se aleja en demasía de la visión original de Stoker, mas no es así. Los principales parajes del libro están retratados en el filme de Bill Eagles (no obstante, la parte inicial se esquilma severamente y el papel de Van Helsing se reduce a la mera anécdota), actuando la "subtrama sifilítica", por risible que parezca, como un razonable motor de la historia que aclara las motivaciones de alguno de los personajes. En esta adaptación el Conde decide acudir a Londres una vez tiene acceso a los posibles económicos otorgados por Holmwood y el encaprichamiento por Lucy y Mina se plasma de una manera meridiana y razonablemente coherente. Lástima que la interpretación de Marc Warren no termine de conferir credibilidad al giro argumental. Claro que centrar en él los dardos sería pecar de agravio comparativo, puesto que el resto de compañeros acatan su labor con la misma profesionalidad y resignación de un obrero encargado de pasarse el día transportando objetos pesados. Ni la presencia de la luminosa Sophia Myles supone un pequeño extra a una producción rutinaria y mediocre en todos los apartados. Si bien en ningún momento se alcanzan cotas de patetismo incómodas, sí que predomina un ánimo aletargado durante su visionado que induce a bostezos y miradas furivas al contador del tiempo. Quien al menos espere enfrentarse un ágil divertimento camp desde ya haría bien en desviar su vista hacia otros títulos. Dentro del subgénero vampírico no le faltarán candidatos a elegir.
El mayor pecado de la película es atraverse a aportar un audaz matiz entre lo mórbido y lo sexual para después hacer poco o nada con él. Sorprende lo recatado y contenido del desarrollo y la nula explicitud de las imágenes destinadas a un guión propenso al exceso. Sensualidad bajo cero.
En el apartado de méritos cabe destacar el vestuario y la ambientación general, aunque BBC acostumbra a mimar estos detalles con el debido cuidado. Nimio bagaje para un producto que prometía no dejar al espectador indiferente, ya fuese para lo bueno o para lo malo, y que no ha acertado ni siquiera en eso.

2 Comments:

Blogger Evil Preacher said...

Tiene que ser un bodrio para que Marc Warren no haya merecido los honores de la sección "Pero, ¿quién es Drácula?"

11:44 p. m.  
Blogger superdiscochino said...

No, si saldrá. Pero más tarde.

Un saludo.

11:53 p. m.  

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