6.8.06

Diversión en el convento


SACRED FLESH

Nigel Wingrove, 2000

Sally Tremaine
Kristina Bill
Eileen Daly
Simon Hill

1,5/5


Tras las puertas de la Iglesia del Sagrado Corazón se representan a diario actos de pura devoción... y otros movidos por la insaciable lujuria.
Es el terrible panorama en el que vive la Hermana Elizabeth, Madre Superiora de la Iglesia. Continuamente ha de presenciar como sus compañeras rompen los votos de castidad compartiendo piel y labios mientras reza para resistir la tentación de hacer lo mismo. Tarea nada sencilla que le pone en una situación de perpetuo estrés detectado por la preocupada comunidad religiosa.
Motivos existen para ello, puesto que la salud mental de Elizabeth no parece muy boyante. Cómo si no explicar que padezca visiones en las cuales tanto María Magdalena como diversos espíritus le insten a dar rienda suelta a sus deseos o a mantener sus votos intactos.

La disyuntiva está clara. O se aceptan los instintos naturales y se opta por el disfrute de los placeres derivados de la sexualidad o se utiliza la represión como instrumento para servir a Dios.
Pero, ¿se puede complacer al Creador negando uno de los aspectos intrínsecos al ser humano?

Sacred Flesh expone un bienintencionado, aunque ingenuo, discurso en el foro equivocado. Uno no acude a un certamen de belleza local para hacer un alegato a favor del relativismo en el arte.
Cuestión de contexto.

Desconozco qué pensarán ustedes, pero a moi me resulta tremendamente complicado ocupar la mente en dilemas de calado ético cuando me bombardean a base de lesbianas siliconadas.
Que conste en acta que el mencionado colectivo cuenta con todas mis simpatías, si bien no alcanzo a entender cómo demonios se realizaban los implantes en el periodo histórico durante el cual transcurre la trama (recordemos que se trata de un filme de época).

¿Acaso el debate planteado es una mera excusa para dotar de cierta coherencia a una serie de escenas inconexas?
Bien pudiera ser, y, sin embargo, se me antoja una decisión errónea. Sacred Flesh es difícil de digerir tanto para el público que busca una lúdica sucesión de carne humana, pues a su alrededor se articulan una serie de ideas sumamente distractoras, como para los interesados en un cine más cerebral. El resultado queda en tierra de nadie y no hay autobús que pare en el lugar.
(Sí, siempre cabe la opción de tomar un taxi, pero a ver quién se aclara a la hora de proporcionar la dirección.)

Únicamente los aficionados a la estética gótica y al entramado ideológico que suele conllevar encontrarán acertada esta combinación entre erotismo y filosofía. Un tanto dominguera, pero filosofía al fin y al cabo.
Los demás buscaremos alejarnos de las medias tintas tanto como sea posible y acercarnos al artículo genuino, ya sea éste de carácter decididamente explotativo (ejemplos del subgénero "Monjas Lascivas" no faltan) o gafapasta (también los hay, aunque menos aconsejables).

Cuando anteriormente aludía a la ingenuidad no lo hacía de forma gratuita. Fíjense en las representantes de ambas posturas contrapuestas. Por un lado tenemos a la lozana Kristina Bill abogando por la libertad (¿libertinaje?) sexual, y por otro a una partidaria de la (estricta) castidad encarnada, es un decir, por un horrible y gomoso esqueleto viviente.
La sutilidad no es uno de los fuertes del filme de Nigel Wingrove. ¿De qué sirve apelar a la reflexión cuando se toma partido por una de las alternativas desde el mismo principio y de manera tan evidente?
Es como saber de antemano que tu equipo va a ganar el partido con la única incógnita del marcador final.

Cinematográficamente hablando Sacred Flesh no es un producto despreciable.
El remarcar la notoria escasez de medios con la que fue confeccionada se convierte en algo superfluo a no ser que sea para destacar su buen provecho. Y éste existe, aunque para apreciarlo tengamos que abstraernos de detalles como el vestuario de los personajes (típicos atuendos de monja sacados de una tienda de disfraces).
No obstante, algunos elementos de la puesta en escena son rutinarios hasta decir basta, como las manidas estancias iluminadas por decenas de velas a los que los aficionados al fantástico estamos tan acostumbrados.

El elenco actoral no arroja dudas sobre la idiosincrasia amateur de la película. Unas con mayor acierto y otros con menor, es un apartado en el cual conviene evitar incidir supurando bilis a no ser que se pierda la perspectiva sobre el tipo de película del que se trata.
Eso sí, nunca sobra agradecer la falta de prejuicios de las actrices para desprenderse de la ropa y arrimarse al pegajoso territorio del hardcore.

Pesa más el desatino en el planteamiento global del filme que sus escasos aciertos, lo cual es una pena desde el momento en que se intuyen buenas intenciones y la ortografía es correcta.
Resumiendo: Sacred Flesh sólo entusiasmará a los incondicionales de la nunsploitation. Sin embargo estos cuentan con multitud de títulos que puntúan mejor en el apartado de diversión y, sobre todo, de menor voluntad adoctrinante.

5 Comments:

Anonymous Aureal said...

No sabía yo que las monjas se recortasen el pubis. Vivir para ver.

Y, ¿cómo de cerca del hardcore hablamos?

12:53 a. m.  
Blogger superdiscochino said...

Digamos que lo bastante como para levantar cejas, pero no lo suficiente como para salpicar.

Saludos.

7:24 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Quieros estas pelis de donde las puedo bajar!!!
GraCIas!
chacher_1986@hotmail.com

8:58 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Best regards from NY! »

4:28 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

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6:47 p. m.  

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