26.5.06

Hokusai Manga


HOKUSAI MANGA

Kaneto Shindô, 1981

Ken Ogata
Yûko Tanaka
Kanako Higuchi
Toshiyuki Nishida

3/5


El cine es mentira. Una ficción primero imaginada y después plasmada en imágenes que representan la realidad. Mentira.
A su favor hay que alegar que tampoco aspira a ser otra cosa. En el mejor de los casos sirve para entretener a un grupo de incautos que se dejan engañar voluntariamente por el juego de espejos. Quizás estos sujetos sean inspirados para la creación de nuevas ficciones, con lo que el ciclo, de algún modo, se perpetúa.

Admitiendo esta máxima resulta sencillo concluir que el género más deshonesto posible es el bio-pic. Precisamente porque se acerca a su antítesis conceptual, aquello que nunca llegará a ser. Al menos en teoría; la práctica nos ha enseñado en multitud de ocasiones que la historia se pervierte atendiendo a buscados fines dramáticos. Nada de malo hay en ello. Hasta el libro de la existencia más interesante jamás vivida se escribe principalmente en minúsculas. Sin embargo, la mayor parte de los cambios suelen acudir por la vía de la dulcificación. Conviene hacer creer que no hay lugar para las manchas y la mediocridad, que el objeto a tratar se halla encima del humano medio. Tampoco está de más asegurarse la conformidad de aludidos y/o partes interesadas con el fin de evitar represalias.
En este sentido Hokusai Manga parte con la ventaja de narrar acontecimientos emplazados en un pasado remoto, el final del periodo Tokugawa (1600-1867). Hechos y vivencias sobre los que además se posee una información lo suficientemente ambigüa como para estirar la cuerda a placer.

Hokusai (1760-1849) es un personaje envuelto por un halo de misterio en parte debido a su carácter excéntrico. No en vano, el nombre por el que comunmente se le conoce es un alias de los muchos que utilizaba (siendo el más llamativo de ellos "El Viejo Chalado por el Arte"). Díscolo e irreverente, Hokusai demostró su buen hacer trabajando sobre todo tipo de materiales y temáticas: grabados en madera, pinturas en lienzos de seda, ilustraciones eróticas, dibujos para novelas, tarjetas, libros de bocetos, motivos históricos, paisajes...

Su talento tardó en calar dentro de la cultura japonesa debido a la permeabilidad de su obra a la influencia extranjera. La perspectiva y el colorido de sus cuadros remite a técnicas explotadas con frecuencia en el mundo occidental pero poco habituales en el país del Sol Naciente. Organizó happenings multitudinarios que dejaban entrever sus ínfulas de grandeza, como, por ejemplo, una pintura de doscientos metros cuadrados realizada al aire libre. No falta quien considera que los quince volúmenes de dibujos títulados Hokusai Manga son el precendente inmediato del cómic japonés. Algunas de los logros que dejó para la posteridad son las inmortales Treinta y Seis Vistas del Monte Fuji y La Gran Ola (ver foto). Y por si esto fuese insuficiente, creó el subgénero de cándidas mujeres "seducidas" por criaturas con tentáculos tan querido por el hentai.

Como ven, existe material para construir una historia de interés; lo difícil es combinar los elementos en la proporción adecuada para lograrlo. Para dotar de mayor atractivo al filme se opta por modificar algunos retazos de la vida de Hokusai, hasta el punto de ignorar la existencia de un hijo varón. De paso se especula con la relación paterno-filial insinuando una pulsión incestuosa entre ambos. Este aspecto queda representado en una escena en la que la hija, Oei, le sugiere a su padre desesperado por la falta de inspiración que la dibuje desnuda con resultados inmediatos. No obstante, el subtexto nunca termina de cobrar protagonismo y pasar a primer plano, e incluso se desecha al relacionar sentimentalmente a Oei con el novelista (y mejor amigo de Hokusai) Sashichi.

De mayor relevencia goza la figura de Onao, suponiendo el alfa y omega de la trama. Oano es una belleza perfecta atendiendo a los criterios nipones (piel blanca como la nieve, ya saben) y la actriz que la interpreta, Kanako Higuchi, no se queda muy atrás. Su irrupción se produce en la primera parte de la película. Hokusai se la encuentra por casualidad en el calle y en seguida queda prendado de ella. A pesar de la indolencia de la muchacha consigue convencerla para ser retratada al natural en varias pinturas. No obstante, el maestro "regala" a la joven a su padre adoptivo para saldar unas deudas. Con el paso de los días los dos llegan a obsesionarse con Onao en proporción a la caprichosa forma en que los trata, invitando lascivamente y rechazando alternativamente. Para colmo de males, pone al descubierto su naturaleza perversa al citar a los dos hombres en un parque donde son sorprendidos por la visión de la joven cabalgando sobre un muchacho. Y tras semejante espectáculo desaparece de sus vidas tal y como hizo acto de presencia, sin previo aviso. El padre de Hokusai en su desesperación comete suicidio y el artista entra en una depresión de la que a duras penas conseguirá escapar.

A continuación transcurre un largo periodo en la vida del homenajeado en el que tiene lugar lo más granado de su producción artística. La próxima vez que volvemos a tener noticias de Oano, Hokusai se acerca a los noventa años de edad dando muestras de síntomas de demencia senil. Todavía añora a esa extraña mujer que conoció hace tanto tiempo e invoca su recuerdo en búsqueda de inspiración. La Onao con la que va a reencontrarse es muy distinta de la original. Comparte nombre, edad, y apariencia externa con su antecesora e, inexplicablemente, no posee conciencia de los sucesos anteriormente descritos. Aún así, Hokusai no establece diferencias entre ambas y toma a la chica bajo su tutela.

No tarda en volver a surgir el genio que lleva dentro y durante un paseo por la orilla del mar una idea maliciosa bulle en su cabeza. Está decidido. Su obra maestra, por la que será venerado eternamente, será la imagen de una mujer copulando con un pulpo gigante. A la "nueva" Onao, mucho más recatada que la anterior, la propuesta no le complace y se muestra reticente a ejercer de modelo. Nada que no se pueda arreglar con buenos argumentos, persistencia, y un cefalópodo recién capturado. El dibujo resultante cumple todas las expectativas y llena de júbilo al anciano. Lo que no encuentra tan de su agrado es el hecho de que la historia se repita y sorprenda a Onao yaciendo con un extraño en su propio dormitorio para después abandonarle.

Es complicado aventurar una interpretación del papel de Onao dentro del filme. Bien es cierto que a primera vista parece una nueva encarnación del concepto de musa, pero eso contradice que Hokusai disfrute de su periodo de mayor agudeza creativa durante su prolongada ausencia.

Los primeros minutos de la película apuntan hacia una naturaleza sobrenatural que más tarde se diluye (o recupera dependiendo de como se miren los últimos minutos). La piel blanca, por ejemplo, se asocia en Japón tanto a la belleza como a determinado tipo de espectros. Más pistas: La escenografía del segmento en el que Onao seduce al padre de Hokusai no desentonaría en absoluto en una cinta de terror común. Tampoco queda claro si el personaje es puramente ficticio o si se le atribuyen características dramáticas a una conocida real del autor.
Como es habitual en el cine japonés, siempre abierto a la elaboración, la responsabilidad de dotar significados queda en manos del espectador.

Hokusai Manga es una producción de discretas virtudes y excusables defectos que lucha por hacerse con un lugar en los huecos de la limitada memoria fílmica.
En su haber cabe destacar el ágil desarrollo durante la mayor parte del metraje, un adecuado reparto interpretativo con la sugerente Kanako Higuchi a la cabeza y la importancia del legado artístico del protagonista. También son de agradecer las rupturas ocasionales del cordón de la normalidad en forma de flashes pictóricos, ensoñaciones lúbricas o metáforas visuales como asociar los cambios de humor de Hokusai a la lluvia (el agua fue una de las obsesiones predilectas del maestro) .
En el debe consta lo errático en la secuenciación de las escenas, pareciendo algunas anécdotas arrojadas al espectador sin mayor motivo que el tener que mostrarse porque sí (caso de la pintura gigantesca, por ejemplo). Nada hace por contribuir al entusiasmo colectivo el seguir un esquema argumental tan trillado en otros bio-pics, cuyo final con la decadencia del artista y de los que le rodean exaspera por conocido.
La batalla, por lo tanto, se libra en cielos despejados y sin cambios previstos en la temperatura. De cualquier modo no se deben descartar riesgos de precipitaciones. But brighter later, que dirían en el parte metereológico.

(Si usted piensa que el símil ha sido llevado demasiado lejos, póngase a la cola.)

Sin ningún género de dudas, el atractivo principal del filme para los que tomen contacto con él por azar es la escena del amor tentacular. Rodada con lujo de detalles, alguno de ellos notablemente morboso, supone un triunfo artístico para Kaneto Shindô que, además, funciona de reclamo para los amantes de los sexploits bizarros que de otra forma no se hubiesen acercado al título.

Antes de dar por concluído el texto, merece la pena rescatar una cita que pone de manifiesto el (admirable) espíritu inconformista del autor:

"A los seis años adquirí la manía de dibujar la forma de los objetos. A los cincuenta había publicado una infinidad de obras, pero todo lo que hice antes de alcanzar los setenta carece de valor. Aprendí algo del patrón inherente de la naturaleza, los animales, las plantas, los árboles, los peces y los insectos a los setenta y cinco. A los ochenta se hará patente mi progreso, pero no será hasta los noventa cuando me adentre profundamente en el misterio de la vida. A los cien seré un artista maravilloso. Cuando cumpla ciento diez todo lo que cree, un punto, una línea, cobrará vida propia."

Decía hace unas cuantas líneas que el bio-pic era un género deshonesto. Y, sí, posiblemente lo sea, pero estamos dispuestos a perdonar sus faltas siempre y cuando nos ayude a recordar y honrar la memoria de personas / personajes como Hokusai, aunque para ello se sirva de invenciones. Porque la realidad, se componga de lo que se componga, cobra fuerza al ser representada.
Después de todo, el cine es verdad.

7 Comments:

Blogger mekasidnipuatier said...

Diablos, tienes razón. ¿Esto esta subtitulao por esas verdes praderas donde pastan los ansares? Me ha parecido un tio de lo mas interesante aunque hay que decir que el primer fotograma (el de despues de la Ola) me ha puesto los pelillos, nunca mejor dicho, como escarpias.

9:59 p. m.  
Blogger mekasidnipuatier said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

10:00 p. m.  
Blogger mekasidnipuatier said...

Glups, los ansares no, lo asnares. Reglups again porque me he inventao una palabra.

10:01 p. m.  
Blogger superdiscochino said...

Que yo sepa no hay subtítulos en español, pero sí en inglés.

Espero que no sea impedimento.

5:52 p. m.  
Blogger mekasidnipuatier said...

Los kamikaze boys don't fear nothing, my friend. Si me vi kamikaze girls asi tambien podre con esta.

8:52 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

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2:03 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

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11:00 a. m.  

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